Llevamos 22 años en
una constante polarización; hemos divididos en dos todos los niveles de nuestra
sociedad: desde las familias hasta las esferas más altas de la nación.
Chavistas y antichavistas era la premisa para definir política y socialmente a
los ciudadanos. Un gran daño se hizo con esta categorización que hoy sigue
dejando hondas heridas y mucho resentimiento.
En la actualidad ha
mutado esa polarización, ya no se circunscribe a dos grandes grupos, ahora tenemos
al menos cuatro sectores identificados, que alimentan la división y son
incapaces de reconocerse mutuamente. Nada peor para una sociedad fracturada que
seguir con el discurso de división y, sobre todo, promover el odio a las
diferencias.






